Pues sí. Luisa Ortega Díaz lo hizo en nombre del régimen y la revolución etiquetada por ellos mismos como “feminista”. Con esas ligerezas del lenguaje, indeterminadas en protagonistas y tiempos, que suelen usar para insultar, humillar y degradar. “Antes”. “Mujeres”. “Partes de su cuerpo”. Y pregunto. ¿Antes?: ¿cuándo? ¿Mujeres?: ¿cuáles, quiénes, dónde? ¿Partes de su cuerpo?: ¿cuáles? Dicho en criollo, la Fiscal se metió pa’lo hondo, y como que no midió sus palabras.

Volvió a demostrar que el régimen, en el tema de mujeres, lo que mejor hace es usarlo como bandera política, y que hasta esas mismas mujeres que dicen defender y valorar, serán arrolladas sin miramientos cuando de criticar a la Cuarta República se trate. Demostró también, eficientemente, que para ser machista no hace falta ser hombre. Así, de la boca de la Fiscal salió una de las expresiones más peyorativas y sexistas nunca antes expresadas por figuras del régimen desde aquella deleznable afirmación hecha a través de los medios por el mismísimo Hugo Chávez, en la que le ofrecía a su entonces señora esposa darle “lo suyo”.

Por sí la dieta diaria de insultos que nos propinan distintos personeros del régimen no era suficiente, ahora resulta que todas las mujeres profesionales de este país estamos bajo sospecha de ser putas. Y que me perdonen las putas que no pidieron ser metidas en esto. Pero no señora Fiscal. Usted se equivoca. No entregué ninguna parte de mi cuerpo para que me asignaran un cupo en la Universidad Central de Venezuela, ni para pasar una materia, ni para graduarme. No conozco a nadie, ninguna de mis numerosas colegas, profesoras, amigas, allegadas, familiares que haya tenido que vender su cuerpo para lograr entrar en una institución de educación superior. La única parte de mi cuerpo que di, y con todo gusto, durante mi formación académica fue mi cerebro. Y no para que me adoctrinaran. Lo ofrecí voluntariamente para que fuese llenado de ideas, de valores y de conocimientos.

Resulta inadmisible que usted ponga gratuitamente en tela de juicio la moral de las mujeres que estudiamos y egresamos “antes”, y de las personas involucradas en los procesos de admisión en las universidades, de numerosos profesores y profesoras, y de personal de todo tipo que estoy segura – porque me consta – que nunca han pedido que una mujer se acueste con ellos para lograr estudiar. Cierto, durante la Cuarta ingresar a las universidades no era fácil, y seguro en ese entonces, como ahora, se cometieron irregularidades de distinta índole, pero hacer una tamaña afirmación como la que usted hace, con sus tiempos y actores indeterminados, es una ofensa a todas las mujeres que hemos ingresado y egresado de las universidades venezolanas.

Sí usted sabe de algún caso dígalo abierta y transparentemente. De la misma manera que desde el régimen, cada vez que se hace una denuncia, gritan y ladran exigiendo pruebas, le digo yo a usted que no haga generalizaciones, y sustente con evidencias lo que ha afirmado. Y sí no puede hacerlo, pues entonces nos debe una disculpa pública a todas las mujeres universitarias de Venezuela.

Publicado en CesarMiguelRondon.com el 23 de mayo de 2015. 

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