Mi hijo es un bebé de 17 meses que aún toma pecho. Algunas personas cuando lo ven “pegado de la teta,” suelen decirle algunos calificativos que en su mayoría son graciosos y hasta cariñosos, pero que son, indudablemente, producto del estigma del que está rodeada aún la lactancia materna en nuestra sociedad. Y es que es muy probable que el lector o la lectora, al igual que mucha gente que me ve dándole pecho, incluyendo allegados y no tanto, levante la ceja en señal de asombro al saber o ver que un “niño tan grande” siga amamantando. Si ello es así, pues este dato lo sorprenderá aún más: hoy en día, los pediatras y la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomiendan dar pecho hasta los 2 años de edad. Si quiere corroborar lo que aquí digo, basta con tomar un frasco de compota, o cualquier envase de alimento infantil (incluida la leche en polvo) y verá la frase: “Se recomienda amamantar siempre antes que dar cualquier otro alimento y continuar con la lactancia materna hasta los dos años de edad del niño o niña”. Esta frase, que generalmente pasa inadvertida, es incluida por los fabricantes de alimentos infantiles de conformidad con el Código Internacional de Sucedáneos de la Leche Materna, adoptado por la OMS en el lejano año de 1981. Y es que ya en esa época, la información científica disponible daba cuenta de los enormes beneficios de la lactancia “natural” en el desarrollo físico y emocional de niños y niñas hasta los dos años. Pero la comercialización indebida y la publicidad engañosa de productos lácteos, presentados como sustitutos ideales y hasta mejores que la leche materna, amenazaban la continuación de esa práctica, y con ello la vida de millones de bebés en todo el mundo. Por ello se adoptó el Código.

Pero seamos precisos: la fórmula no es mala; simplemente, la leche materna es superior y es el alimento ideal. A pesar de todo esto, uno se encuentra todavía con médicos de distintas especialidades -excluyendo pediatras, claro está- que se muestran escépticos ante los beneficios de la leche materna, contribuyendo así a reforzar el estigma que aún la rodea. Más aún, encuentro sorprendentes los comentarios despectivos que he escuchado de algunos profesionales de la medicina, no pocos vale decir. Me he conseguido con médicos que hacen afirmaciones que van desde las más radicales, negando absolutamente el beneficio de la lactancia materna, describiéndola tan sólo como una estrategia que busca salvar vidas en países pobres dada la falta de acceso a agua potable, hasta los más relajados que si bien les parece que dar pecho es beneficioso durante los primeros meses de vida, señalan que es una “sinvergüenzura” que un bebé amamante más allá de los 12 meses porque, supuestamente, la leche materna ya no tiene valor nutritivo después de los seis. En más de un par de ocasiones, al explicar que aún doy pecho y que hay cierto tipo de antibióticos que no puedo tomar, la prescripción médica que he recibido ha sido “¡quítele la teta a ese muchacho señora!”. Todo esto me parece asombroso en un mundo donde el acceso a la información está, literalmente, en la punta de nuestros dedos, y en el que la evidencia científica disponible sobre los beneficios de la lactancia natural es contundente y abrumadora. Entonces me pregunto ¿cómo es que hay aún médicos que hacen afirmaciones a la ligera en relación a un tema de tan crucial trascendencia y sobre el cual no están suficiente y debidamente informados?

Dar pecho no es fácil. Es una experiencia hermosa, pero difícil y desafiante en muchos aspectos. Lo digo con propiedad como alguien que ha amamantado a dos niños. Hay madres que por razones económicas, de salud u otras, no pueden hacerlo. Pero quienes lo hacemos merecemos el mayor apoyo y respeto posible. Una palabra amable no cuesta nada y hace mucho. Por ello, pido mayor sensibilidad e interés de parte de quienes están obligados a tener mayor información sobre el asunto en razón del oficio al que se dedican: médicos generales y especialistas en quienes depositamos nuestra confianza con relación a nuestra salud y la de nuestros hijos.

Publicado en el diario El Universal el 20 de febrero de 2012.

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